¡Lo nuevo es lavar como antes!

Nuevos tiempos, nuevas formas de lavar. Lavadoras con más botones que un avión, diferentes formatos de detergentes, nuevos roles en el hogar, nuevas generaciones con sus hábitos propios que se independizan… Cada vez es más difícil encontrar personas que laven tal y como se hacía antes (¡no nos referimos a lavar a mano, ojo!). Por eso, queríamos echar una mirada a los nuevos métodos y ver hasta qué punto son realmente nuevos, o simplemente revitalizados por las nuevas generaciones.

Podemos ver el cambio analizando las nuevas lavadoras, que van perfeccionándose para ofrecer funciones que solucionan las necesidades de lavado actuales, además de adaptarse a los estilos de vida modernos. Tienen botones para:

  • Lavar los nuevos tejidos sintéticos — que hace años no existían, y nos ahorran tiempo, puesto que son fibras de rápido secado y no necesitan que se las planche.
  • Cuidar de la economía doméstica: Ahorrar en agua y en temperatura, programas cortos que ahorran electricidad… También es posible reducir el gasto con el jabón: Los nuevos formatos de cápsulas nos permiten usar la medida justa para cada lavado.
  • Cuidar el medio ambiente: Seleccionar programas de lavado a bajas temperaturas y jabones elaborados bajo el compromiso de elaboración responsable, hacen que el lavado de nuestra ropa sea respetuoso con el medio ambiente.
  • Adaptarse a las familias: con medias cargas para familias pequeñas pero que crecerán con la misma lavadora, con programas cortos para la rapidez que necesitan las grandes familias.

 

 

Continuando con los detergentes usados, tanto la gran variedad de marcas disponibles como los diferentes precios son elementos que han hecho cambiar las tendencias de compra. Al tener menor capacidad adquisitiva, la juventud es propensa a buscar las opciones más asequibles en los estantes de los supermercados entre el gran espectro de detergentes, mientras que nuestros padres y abuelos se decantan por productos de mayor coste.

Otra distinción entre las antiguas y nuevas formas de lavar se basa en el formato del detergente: si entre los años 60 y los 80 el producto en polvo era el preferido para dejar nuestras prendas como los chorros del oro, desde hace varias décadas ha ido ganándole el pulso el detergente líquido y, más recientemente, el formato de cápsulas.

Pero, si hay una diferencia clave entre lo antiguo y lo nuevo, ésa es la que nos lleva al papel que juega cada miembro de la casa en las tareas del hogar. Antes eran las mujeres y abuelas las que se encargaban de lavar, tender, planchar y demás quehaceres; de un tiempo a esta parte, han ido rompiéndose los estereotipos sociales y las amas de casa ya no son las mujeres, sino que todos somos amas de casa.

Y, vinculada a esta última característica, también ha cambiado el tiempo que le dedicamos al proceso de lavado. Los jóvenes, recién independizados por norma general, disponen o prefieren dedicarle menos tiempo, y únicamente ponen la lavadora y tienden la ropa; incluso son proclives a llevar la ropa a una lavandería; por el contrario, am@s de casa que prefieren seguir los métodos caseros de toda la vida y realizan varias tareas para que cada prenda de ropa quede como nueva, o casi: añaden más productos (suavizante, por ejemplo), planchan la ropa, aplican truquitos cuando hay manchas especiales que no se van fácilmente…

En definitiva, podemos observar que las nuevas formas de lavado responden al mismo tiempo a dos tendencias; por un lado, diferencias entre nuevos y antiguos métodos de lavado, basados en los avances tecnológicos (por ejemplo, las nuevas lavadoras), y por otro, diferencias generacionales entre jóvenes, por un lado, y los adult@s y abuel@s, por otro. Desde La Antigua Lavandera te animamos a que escojas lo mejor de cada uno: las nuevas tecnologías para ahorrar tiempo y ganar eficacia, y los métodos de tus padres y abuelos para que la ropa quede más limpia que la cuenta del banco. Así que, recuerda… ¡lo nuevo es lavar como antes!

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